17 de diciembre de 2011

El dolor de la enfermera

Era cuestión de tiempo hasta que uno de los corazones que latían en aquella habitación de paredes blancas enmudeciera finalmente. La enfermera recorría la estancia inquieta, rastreando soluciones, sudando, induciendo sedantes, guardando las lágrimas, arreglando las sábanas, tragándose los nudos que se le formaban en la garganta, intentando luchar contra la muerte. 
Vociferando gritos de dolor que ni el mejor somnífero podría calmar, el dolor de la enfermera jamás pasaría por la mente del paciente demasiado abstraído en el suyo propio, aunque en efectos prácticos aquel dolor estaba muy oculto bajo capas de maquillaje y sonrisas falsas. María recordó lo que le recomendó el empleador en cuanto aceptó el trabajo mientras observaba el monitor que marcaba los últimos latidos de aquél hombre, mordía su labio inferior y dirigía una mirada llena de falsas esperanzas al hombre que yacía en la cama, "pero más que nada no muestres vulnerabilidad, mejor dicho: no puedes hacerlo, ¿imaginas una enfermera llorando? le quitaría la fe al paciente y acabaría por rendirse sin esforzarse en mantener su vida en pie... quizás incluso, si dejas caer una preciosa lágrima sería tu culpa María".
Se arrodilló al lado de la cama y le tomó la mano al enfermo, musitó palabras mágicas y él, por primera vez le dedicó una sonrisa antes de perecer para siempre, abandonando así a la enfermera y dejandole la chance de vomitar todas las lágrimas y el dolor que estaba latiendo hacía rato en su pequeño corazón.

Fue humana por dos minutos, hasta que recordó la última — y más ardua— tarea que le restaba. Secó sus lágrimas con un pañuelo que llevaba en su delantal, y se acercó a la esposa del difunto para comunicarle la cruel noticia. Los años que los médicos se la pasaban endureciendo su corazón al estudiar con cadáveres les garantizaba una tarea muchísimo más sencilla que aquella, que según decía en la guía de empleos podría realizar cualquier inútil.
Intentó mezclar las palabras más acordes con sus ojos enrojecidos pero eso pareció irritar aún más a la mujer, que pensó que quizás, antes de pasar a mejor vida su esposo habría fantaseado con la bella enfermera, sintiendo celos hasta de la muerte, para abandonar el hospital dirigiéndole a la enfermera la mirada más hostil que un ser humano podría dirigir. Ni siquiera se detuvo en considerar que María había permanecido toda la noche sosteniéndole la mano a su marido, rezando por su vida, por la vida de un hombre que en efectos prácticos conocía hacía menos de diez horas.

Sus grandes ojos café, tomaron el color de un cortado en cuanto los inundó en dulces lágrimas, alejándose del hospital para sufrir en paz. Nunca nadie consideraría el dolor que una enfermera podría llegar a sufrir, nunca nadie consideraría su esfuerzo por mantener de éste lado del río al paciente en los últimos instantes, nunca la verían de otro modo más que el que marcaba el protocolo. Siempre sería la enfermera y el hombro que indudablemente debía entregar a los pacientes para llorar sus últimas lágrimas, exhalar su último suspiro y compartir su último sufrimiento pero que luego de partir quedaría prendado en ella, terminando así con el corazón hecho trocitos y la boca llena del sabor de la muerte. 

5 comentarios:

  1. Esa es la labor de una enfermera, brindar calidad de vida siempre, sin importar las condiciones, al final es quien más contacto tiene con el paciente, ella es ese pequeño lazo hacia la vida externa cuando se esta en un hospital, no importa cuanto tiempo llevas conociendo al paciente, en ese momento ellos son seres vulnerables y ella esta ahí para sostenerles, incluso cuando el tiempo esta marcado, me gusto mucho la historia, un saludo! :)

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  2. siempre me pregunté cómo se sentiría una enfermera al morir un paciente aunque suene como algo estúpido a veces, y de verdad, tu texto me ha encantado.
    un besazo.

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  3. Tiene mucha emoción contenida aunque en la realidad, las enfermeras apenas tratan con los pacientes y son los médicos los que transmiten el estado a las familias.

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  4. Pues yo difiero con Vértices, soy enfermera, y somos quienes tenemos más contacto con los pacientes, he visto a los doctores en cada ronda y solo ven a los pacientes apenas 5 minutos, pero uno como enfermera tiene que estar al pendiente de ellos en cada momento, hablar con ellos, muchas veces ellos necesitan ser escuchados, les brindamos amor :)

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  5. Enserio? La verdad que es muy lindo eso, casi siempre que escribo lo hago sin saber la verdad es pura fantasía y además esto lo escribí como metáfora de algo que me estaba pasando en ese momento, pero tienes razón, debe ser muy lindo y a al vez triste

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