5 de septiembre de 2011

La lámpara se encontraba apagada, era lo mejor para ambos. El poder verse las caras hubiera sido fatal.
En la mesa reposaba la cena interrumpida, dos copas de vino —una medio llena, marcada con rush y otra, medio vacía—, dos platos rebosando de espagueti y un revólver en el medio.
La respiración suya, se volvía más intensa a cada inhalada; pero ella, por cada exhalada perdía más instantes de vida. Sentía cómo se le escurría el tiempo.
Se llevó la mano derecha al pecho, y con la izquierda, tomó la copa de vino y sorbió hasta la última gota.

Alucinó que la banda volvía a tocar.
Él le tomaba la mano, ignorando que su corazón sangraba a borbotones, y la llevaba a la pista de baile. A cada golpe de la batería, él, colocaba una mano encima de ella.
Exhalada, golpe, giro, paso, golpe.
El ritmo del tango les hacía saborear el poder de la muerte a cada paso, más más cerca.
Pero no importó... la pasión fue más fuerte. 

1 comentario:

  1. El tango es tan pasional que siempre se acerca a la muerte.
    Un beso , hermosa.

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